pintar, pintar… pintar

Decía Pollock:  “La pintura tiene una vida propia. Yo trato de dejar que aflore.”

Y yo, pero no lo termino de conseguir. En silencio, cada elemento toma su vida: los líquidos, los pigmentos, los trazos, las formas adivinadas, la paleta, el pincel, el atrevimiento, la duda, las sombras revitalizando las luces… el color. Todos contigo y contra ti.

Decía Delacroix: “A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo”. Esto de estropearlo a mi se me da muy bien, terminarlo es ya otro tema.

Sigo aprendiendo, aprendiendo siempre,  este año de nuevo de la mano de Miguel Ángel Ropero  y de Taquio Uzqueda. Uno para guiarme por las pinceladas del impresionismo y de grandes maestros; el otro para mostrarme la magia del agua sobre el pigmento, el fluir inquieto de la acuarela.

Su mayor virtud, la de los dos: la paciencia que tienen conmigo.

Lo que yo puedo ofrecerles, como premio a esa paciencia, son un par de fotitos de ambos. Miguel Ángel Ropero en su estudio, de una visita que le hicimos Ana Rouret y yo a finales del 2014.
Y Taquio Uzkeda en mitad de la clase, (finales de marzo de 2015)

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